Pero estas explicaciones racionales no niegan la dimensión emocional del encuentro. El simbolismo no necesita ser científico para ser reconfortante. Existe porque apela a nuestra sensibilidad y a nuestra necesidad de encontrar significado en los pequeños momentos.
Ya sea que lo veamos como un simple pájaro curioso o como un símbolo lleno de significado, ver un petirrojo cerca de nuestra casa a menudo sigue siendo un momento suspendido, dulce y relajante, que nos recuerda cómo la naturaleza a veces sabe cómo tocarnos bien, sin una palabra.