“Habla con él, pero ten cuidado”, aconsejó Leona. “No sabemos si está involucrado o es solo un transeúnte preocupado”.
Me acerqué a Ravi cuando estaba a punto de irse. Parecía tenso, pero necesitaba respuestas.
—Siento lo de ayer —empezó antes de que pudiera hablar—. Vi a unos tipos revolviendo tu basura. Parecían sospechosos. Quería avisarte, pero me daba miedo que aún estuvieran por aquí.
Me invadió un gran alivio. “¿Así que por eso dejaste la nota?”
Él asintió. “Lo siento si te asusté”.
—Ravi, podrías haber salvado a mi familia. Gracias —dije con la voz cargada de emoción.
Más tarde, después de acostar a mis hijos, me senté frente a los nuevos monitores de seguridad. Las cámaras mostraban calles tranquilas y patios vacíos, pero no podía quitarme la sensación de que alguien estaba ahí fuera, observando, esperando su oportunidad. Pasara lo que pasara, sabía que no estaba sola. La rapidez mental de Ravi, la dedicación de Leona y mi propia determinación habían convertido una posible tragedia en una historia de vigilancia y aliados inesperados. Solo podía mantenerme alerta y mantener a mi familia a salvo.