Una nota del repartidor que me hizo instalar cámaras de seguridad en mi casa. Le estaré eternamente agradecido.

—No sé, amigo. Quizás tenga prisa —respondí, viendo cómo su coche desaparecía calle abajo.

Mientras dejaba la comida en la encimera de la cocina, aún preguntándome por el extraño comportamiento de Ravi, noté algo garabateado en la parte trasera de la bolsa de reparto. La letra temblorosa me llamó la atención de inmediato, y cuando leí el mensaje, la cena era lo último en lo que pensaba.

“REVISA TU BOTE DE BASURA”.

Mi corazón se aceleraba mientras intentaba mantener la calma por mis hijos. “¿Por qué no lavan ustedes dos mientras preparo todo?”, sugerí, diciéndoles que salieran de la cocina. En cuanto se fueron, corrí al patio trasero, con el mensaje de Ravi resonando en mi mente. Me acerqué a los cubos de basura, con las manos temblorosas al levantar la tapa del primero. Nada fuera de lo normal, solo nuestra basura habitual. Pero cuando abrí el segundo cubo, me quedé paralizada. Dentro, envueltos en una manta vieja, había un montón de guantes, algunas herramientas pequeñas y una botella sin etiqueta llena de un líquido misterioso. El pánico me invadió.

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