¿Te ha pasado que subes las escaleras y de repente sientes que las piernas ya no responden como antes? Tal vez te cuesta cargar las bolsas del supermercado, abrir un frasco terco o levantarte del sofá sin usar las manos como apoyo. No siempre duele, pero sí aparece esa fatiga extra, esa debilidad que llega sin avisar y te hace pensar: “Ya estoy grande, es normal”.
Pero no siempre es solo la edad. Muchas veces es un proceso silencioso que avanza cuando el cuerpo no recibe suficiente proteína de calidad o cuando los músculos dejan de recibir estímulos diarios. La buena noticia es que hay formas sencillas y accesibles de apoyarlos. Y una de las más cotidianas en México podría estar en tu refri desde siempre. Sigue leyendo, porque lo que viene podría cambiar cómo ves tu vaso de leche matutino.