Se supone que la llegada de un hijo es uno de los momentos más felices de la vida. Sin embargo, para Lucas y Clara, este día tan esperado se convirtió en una pesadilla de confusión y miedo en cuestión de segundos. Cuando Clara vio a su bebé por primera vez, gritó: "¡Este no es mi bebé!".
Una frase escalofriante que congeló la sala de partos… y el corazón de su marido.
Lo que Lucas descubrió después no tenía nada que ver con un intercambio de bebés ni con un error médico. La verdad era mucho más personal e infinitamente más dolorosa.
Una pareja normal, un amor sólido.

Habían hablado mucho de tener un hijo, pero nunca encontraron el momento adecuado. Cuando Clara finalmente se embarazó, la alegría se mezcló con un miedo vago, casi imperceptible. Lucas lo notó... sin preguntarle.
Ahí es donde empezó todo.
El día del parto: el shock

Y de repente, Clara gritó.
No fue un grito de dolor. Fue un grito de pánico. De rechazo. De terror.
Cuando Lucas entró en la sala de partos, encontró a su esposa temblando, incapaz de mirar al bebé que la partera sostenía. Sin embargo, médicamente, todo estaba bien. El bebé estaba perfectamente sano.
Entonces ¿por qué esta reacción?
"Pensé que sería un niño."

Pero muy rápidamente Lucas comprendió que no se trataba de una simple decepción.
Era miedo.
Clara no vio a su hija. Se vio a sí misma.