Mi esposa abandonó a nuestros gemelos ciegos recién nacidos; 18 años después, regresó con una exigencia que me destrozó.

Hay heridas que nunca sanan del todo. Permanecen latentes durante años, enterradas bajo la rutina, el amor y la valentía... hasta que un día se reabren inesperadamente. Esto es exactamente lo que le ocurrió a Marc, padre soltero de gemelas ciegas, cuando su pasado llamó a su puerta tras dieciocho largos años de silencio.

Tenían sólo una semana cuando su madre los abandonó.

En ese momento,  Emma y Clara  tenían solo una semana. Nacieron ciegas, frágiles y completamente dependientes, y necesitaban cuidados, atención y, sobre todo, amor constantes. Su madre,  Laure , decidió irse. Sentía que esta vida no era la que deseaba: demasiadas limitaciones, demasiados sacrificios, una sombra demasiado grande sobre sus ambiciones. Se fue con una maleta, dejando atrás a un padre destrozado... pero decidido.

Un padre, dos hijas y una promesa silenciosa

Marc se encontró solo, sin manual de instrucciones, con dos bebés en brazos. Ese día, juró ser todo para ellos: padre, madre, guía, pilar de fortaleza. La vida no era amable. Noches de insomnio, preocupaciones económicas, la mirada a veces dura del mundo... todo estaba ahí. Pero también lo estaba el amor.

En lugar de centrarse en lo que sus hijas no podían ver, Marc les enseñó a sentir. A comprender el mundo a través del tacto, los sonidos y las texturas. Desde muy temprana edad, les inculcó una pasión inesperada: la costura. La tela se convirtió en su lenguaje, la costura en su forma de "ver". Donde otros veían una discapacidad, ellas forjaron un talento.

A los doce años, ya creaban piezas únicas. A los dieciséis, sus creaciones parecían verdaderas obras de arte. Su pequeño, modesto pero cálido apartamento rebosaba creatividad, risas y esperanza.