Hay heridas que nunca sanan del todo. Permanecen latentes durante años, enterradas bajo la rutina, el amor y la valentía... hasta que un día se reabren inesperadamente. Esto es exactamente lo que le ocurrió a Marc, padre soltero de gemelas ciegas, cuando su pasado llamó a su puerta tras dieciocho largos años de silencio.
Tenían sólo una semana cuando su madre los abandonó.

Un padre, dos hijas y una promesa silenciosa

En lugar de centrarse en lo que sus hijas no podían ver, Marc les enseñó a sentir. A comprender el mundo a través del tacto, los sonidos y las texturas. Desde muy temprana edad, les inculcó una pasión inesperada: la costura. La tela se convirtió en su lenguaje, la costura en su forma de "ver". Donde otros veían una discapacidad, ellas forjaron un talento.
A los doce años, ya creaban piezas únicas. A los dieciséis, sus creaciones parecían verdaderas obras de arte. Su pequeño, modesto pero cálido apartamento rebosaba creatividad, risas y esperanza.