Para entender mejor la endometriosis, es útil imaginar cómo funciona el ciclo menstrual. Cada mes, el endometrio se engrosa para prepararse ante un posible embarazo. Si este no ocurre, el tejido se desprende y se elimina a través de la menstruación. En la endometriosis, el tejido que crece fuera del útero también responde a las hormonas, pero no tiene una vía de salida. Esto provoca inflamación interna, dolor persistente y, en algunos casos, sangrados internos microscópicos que irritan los órganos cercanos.
El síntoma más conocido de la endometriosis es el dolor menstrual intenso. No se trata del típico malestar que se alivia con un analgésico, sino de un dolor que puede ser incapacitante, que obliga a faltar al trabajo, a la escuela o a cancelar actividades cotidianas. Muchas mujeres describen este dolor como punzante, profundo o constante, y suele empeorar con el paso de los años.
Otro síntoma muy frecuente es el dolor pélvico crónico, es decir, un dolor en la parte baja del abdomen que no se limita solo al período menstrual. Puede aparecer días antes de la regla, durante la ovulación o incluso estar presente casi todo el mes. Este tipo de dolor suele ser una de las razones principales por las que las mujeres buscan atención médica, aunque no siempre se llega al diagnóstico correcto de inmediato.
La endometriosis también puede provocar dolor durante o después de las relaciones sexuales. Este síntoma, conocido como dispareunia, suele ser profundo y persistente, y puede afectar seriamente la vida íntima y emocional de quien lo padece. Muchas mujeres se sienten incómodas al hablar de este tema, lo que contribuye a que el problema se silencie aún más.
Los problemas digestivos son otro signo que a menudo se pasa por alto. Hinchazón abdominal, diarrea, estreñimiento, náuseas o dolor al evacuar pueden estar relacionados con la endometriosis, especialmente cuando el tejido afecta los intestinos. En algunos casos, estos síntomas se confunden con trastornos como el colon irritable, retrasando el diagnóstico correcto.