EL SECRETO OSCURO DE LA JAULA 402: Nadie quería a este perro “agresivo” y lo llamaban “monstruo”, pero cuando un oficial y un veterano en silla de ruedas descubrieron la verdad que el refugio ocultaba, el mundo entero se quedó sin aliento. ¡Lo que sucedió después de abrir esa reja te hará llorar y cambiará tu forma de ver el miedo para siempre!

Caleb, por instinto profesional, llevó la mano a su funda de servicio. Sus sentidos de policía le gritaban que retrocediera, que aquel animal era una amenaza letal.

Papá, esto no es seguro. Vámonos de aquí. No es lo que buscamos. Mejor veamos los labradores en el pabellón A. O los golden, son tranquilos, perfectos para compañía, susurró Caleb, tratando de girar la silla de su padre.

Luke lo ignoró por completo. Hizo avanzar su silla de ruedas unos centímetros más, hasta quedar justo bajo el cartel de advertencia. Su mirada era fija, gélida, como si estuviera analizando un mapa táctico en medio de un tiroteo.

El perro, al ver que el hombre no retrocedía, se quedó inmóvil de repente. Clavó la mirada en el hombre de la silla. El pastor tenía los pelos erizados, una cresta de pelaje oscuro levantada a lo largo de la columna que lo hacía parecer el doble de grande. Soltó un gruñido bajo y retumbante, un sonido que no buscaba asustar, sino advertir. Era como el trueno antes de la tormenta.

Ábrela, dijo Luke. Su voz no tembló.

Sarah, la voluntaria, dejó caer su portapapeles al suelo. El sonido del plástico contra el cemento pareció una explosión en el silencio del pasillo.

Señor, no puedo hacer eso. Es contra todas las reglas. Hay protocolos de responsabilidad civil. Si abro esa reja y él lo ataca, yo perderé mi empleo y usted podría morir. Es un perro de la Zona Roja. Está fuera de control.

No va a atacar, dijo Luke en voz baja, pero con una autoridad que no admitía réplica.