Sin pensarlo, ella presta más atención a su actitud, a su forma de hablar, a su presentación cuando lo ve.
Esto no es coquetería, sino un deseo natural de mostrar lo mejor de sí misma delante de alguien a quien respeta.
Su estado de ánimo depende de su presencia.
Cuando él está allí, todo parece más sencillo: ella es más expansiva, más abierta, más alegre.
Sin embargo, cuando el contacto es poco frecuente, parece distraída y menos disponible emocionalmente. Este cambio de humor suele reflejar un fuerte apego emocional que va más allá de la simple amistad.
Ella protege discretamente esta relación.
Si alguien menciona su estrecha relación, ella a menudo le resta importancia: “Solo somos amigos”.
No es un deseo de esconderse, sino más bien una manera de preservar un vínculo que ella describe como frágil, incluso difícil de explicar, incluso para ella misma.
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