Cuando fallece un miembro de la familia, nunca tires estas cuatro cosas después del funeral.

Perder a un ser querido es como estar envuelto en una niebla: los días pasan en un torbellino de emociones, y hay que tomar tantas decisiones en tan poco tiempo. Entre los preparativos del funeral, el papeleo y las visitas a los familiares, a veces nos encontramos clasificando apresuradamente las pertenencias del difunto. Y luego, a veces nos desprendemos de cosas que después lamentamos profundamente. Pero algunos recuerdos cotidianos valen mucho más que su mero valor material… Palabras escritas de puño y letra: un legado irremplazable.
Una tarjeta de felicitación escrita a toda prisa, una breve nota dejada en la mesa de la cocina, una carta cuidadosamente doblada en un sobre amarillento… Estos escritos llevan la impronta única de su caligrafía y sus pensamientos. Releer estas palabras más tarde puede provocar lágrimas, pero también una profunda sensación de conexión.
En el torbellino del dolor, podemos sentir la tentación de guardarlo todo, de tirarlo todo. Pero estas notas son a menudo los testimonios más íntimos de cuánto nos amaron, nos animaron o simplemente pensaron en nosotros. Guárdalas en una caja de recuerdos, aunque no estés listo para releerlas de inmediato.

Su voz: un recuerdo conmovedor.

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