Una mañana, te miras al espejo y, ¡sorpresa!, una vena azulada serpentea por tu brazo, tu pierna o incluso tu pecho. Estás segura de que no estaba ahí ayer. Y como suele ocurrir en estas situaciones... las preguntas surgen a raudales: ¿Es normal? ¿Es grave? ¿Debería preocuparme? No te asustes, descifremos juntos qué podría (o no) significar.
¿Por qué de repente aparecen estas venas de las sombras?

Antes de dar la alarma, conviene saber que, en la mayoría de los casos, estas venas recién visibles son inofensivas . Aquí tienes una explicación muy sencilla:
- Pérdida de grasa : Menos grasa subcutánea = venas más visibles. Nada anormal, especialmente si has cambiado tu dieta o has reanudado tu actividad física .
- Deportes y culturismo : El flujo sanguíneo aumenta durante el ejercicio, los músculos se hinchan y las venas se vuelven más prominentes, asomándose a la superficie. Este es un efecto deseado incluso para los atletas.
- Calor : Con altas temperaturas, las venas se dilatan para regular mejor el calor corporal. Esto las hace más visibles de forma natural.
- Edad : Con la edad, la piel se adelgaza y pierde elasticidad, lo que hace más fácil ver lo que hay debajo, incluidas las venas.
- Cambios hormonales : Embarazo, menopausia, tratamientos hormonales… los trastornos hormonales pueden alterar temporalmente la circulación sanguínea.
En resumen, en muchos casos se trata simplemente de la adaptación del cuerpo.
Entonces, ¿cuándo deberíamos realmente preocuparnos?
