Con el paso del tiempo, las ollas, cazuelas y sartenes suelen acumular grasa endurecida, restos de comida quemada y una capa de suciedad que parece imposible de quitar. Raspar estas superficies no solo es agotador, sino que muchas veces no logra los resultados deseados.
En mi caso, tengo un pequeño caldero antiguo, de los que heredamos de épocas pasadas. Lo usamos en la casa de campo, pero como allí no siempre hay agua caliente disponible, limpiarlo a fondo era una tarea complicada. Después de una temporada de uso, tanto la olla como su tapa quedaron cubiertas de grasa y hollín.
Decidí llevarla a casa y probar un método sencillo inspirado en consejos tradicionales. Para mi sorpresa, en apenas media hora logré que quedara casi como nueva. Aquí comparto el procedimiento para que puedas hacerlo también.
Ingredientes necesarios
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200 g de bicarbonato de sodio
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50 g de polvo de mostaza
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50 g de jabón para ropa (preferentemente en barra, rallado)
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5 litros de agua
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1 olla grande