Cómo cultivar jengibre, sin importar dónde vivas

¿Y si la pequeña raíz que da sabor a tus platos favoritos también se convirtiera en la estrella de tu hogar? A menudo relegado al pasillo de frutas y verduras, el jengibre esconde un potencial inesperado. La buena noticia es que no necesitas un jardín exótico ni un título en botánica para empezar. Con un poco de curiosidad y unos sencillos pasos, esta cálida planta puede encontrar su lugar en tu hogar... pero aún necesitas conocer las técnicas adecuadas.

Jengibre, una planta tropical llena de sorpresas

El jengibre, o  Zingiber officinale , es una planta perenne cultivada por su rizoma, esa raíz carnosa y fragante que nos encanta rallar al cocinar. Originario del Sudeste Asiático, prospera en condiciones de calor, humedad y luz: una combinación perfecta que se puede recrear fácilmente en casa. Lo bueno es que crece muy bien en macetas, lo que lo convierte en un aliado perfecto para espacios pequeños, desde alféizares hasta invernaderos.

¿Por qué cultivar tu propio jengibre en casa?

Cultivar tu propio jengibre se trata, ante todo, del placer de disfrutar de un producto ultrafresco, recolectado en el momento justo. Además, es una forma inteligente de añadir variedad a tus sabores cotidianos y reducir compras innecesarias. Además, esta planta decorativa aporta un toque exótico a tu hogar y se integra perfectamente en un enfoque de consumo más responsable y local.

Elegir el rizoma adecuado para empezar

Para empezar, no es necesario invertir en equipos costosos. Puedes comprar un rizoma específico para plantar o intentar cultivar jengibre en una tienda, preferiblemente orgánico. Elige uno que sea firme, con brotes pequeños y visibles, parecidos a los "ojos" de una patata. Consejo: si ha recibido un tratamiento para inhibir la germinación, remojarlo en agua a temperatura ambiente durante 24 horas puede ayudar a reiniciar el proceso.