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Priorizar los productos crudos
Elegir alimentos sencillos y mínimamente procesados permite un mejor control sobre lo que comemos y aporta nutrientes esenciales.
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Cocina en casa tan a menudo como puedas
La comida casera ayuda a evitar los excesos ocultos de azúcar, sal y grasas, a la vez que recupera el placer de comer.
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Varía los colores en el plato.

Un plato colorido, rico en verduras verdes, rojas o moradas, es generalmente más nutritivo y más saciante.
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Reduce tu consumo de alimentos ultraprocesados
Estos productos, a menudo nutricionalmente pobres, es mejor consumirlos sólo ocasionalmente para mantener una dieta equilibrada.
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Reserve las bebidas azucaradas para ocasiones especiales.
Los refrescos y los jugos comerciales aportan mucha azúcar sin proporcionar una verdadera sensación de saciedad. Consumirlos ocasionalmente es más que suficiente.
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Come despacio
Tomarse el tiempo en la mesa ayuda al cerebro a registrar la saciedad y permite comer menos de forma natural.
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Mastica bien cada bocado
Masticar lentamente mejora la digestión y aumenta la sensación de saciedad.
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Deja los cubiertos entre bocados
Este simple gesto ayuda a disminuir el ritmo de la alimentación y a escuchar mejor las propias sensaciones.
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Detente antes de sentirte abrumado.
Levantarse de la mesa sintiéndose un 80% lleno suele ser más beneficioso que comer hasta estar completamente lleno.
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Muévete un poco cada día
La actividad física no necesita ser intensa para ser efectiva: la regularidad cuenta más que el rendimiento.